"Putas a la fuerza" - Introducción
5 de mayo de 2005. Un conductor detiene su vehículo alertado por lo que parecen las piernas de una mujer entre la vegetación. Es el cuerpo de Petronila, que yace inerte en la cuneta de la N-II, en Sils, Girona. Ha sido golpeada hasta la muerte y estrangulada. La joven era rumana y no tenía más de 23 años. En su bolso no había documentación alguna. Probablemente era una de tantas inmigrantes que llegaron a este país bajo la promesa de un trabajo y una vida mejor, para acabar vendiendo su cuerpo a pie de carretera extorsionada por algún mafioso. Intentar alcanzar su sueño de libertad le costó la muerte. Seis semanas antes, en la localidad barcelonesa de Sant Sadurní d’Osormort, ocurría un caso similar. Una joven, también procedente de un país del Este de Europa, apareció muerta en la cuneta del Eje Transversal con heridas en el cuello. También iba indocumentada y ejercía la prostitución en esa carretera. El goteo incesante de prostitutas de los países del Este asesinadas en toda Europa deja entrever una problemática de gran complejidad social y jurídica y con difícil solución. Para entendernos, sería algo parecido a acabar con el tráfico de drogas a nivel mundial. Pero, ¿se han preguntado alguna vez si la sociedad quiere acabar con ese problema?
La prostitución que ejercen las chicas que son captadas por las redes de proxenetismo tiene su origen, en la mayor parte de los casos, en la ignorancia, la inexperiencia, las ganas de comenzar una nueva vida y, sobre todo, en las necesidades económicas. En muchas ocasiones las penurias vienen dadas por un embarazo precoz, ser madre soltera demasiado joven hace que muchas decidan sacar sus vidas delante de cualquier manera.
La historia siempre se repite. La víctima del engaño suele desconocer que va a ejercer la prostitución cuando llegue a ese “país donde hay muchas oportunidades para trabajar”. También coincide en sus declaraciones el hecho de que alguna “amiga” le informó de las posibilidades y le facilitó el viaje. Esta amiga suele ser la que mantiene contacto con la red de captación de chicas y se embolsa parte del importe de la venta. Tan sólo algunas ONGs intentan por todos los medios frenar la prostitución infantil o coaccionada en todos los países del mundo. Se sirven de campañas publicitarias como la emitida durante el año 2005 en la cadena musical MTV.
El spot muestra el interior de un vagón de tren. En una fila de asientos viaja una extraña pareja, una muchacha muy joven que va acompañada por un hombre de más edad cuyo rostro moreno se muestra frío e inexpresivo. Entre los dos no existe comunicación. En un momento del trayecto, la chica mira fijamente al pasajero de delante y hace rápidos movimientos con los ojos. Finalmente, clava su mirada en el hombre que viaja delante, como si quisiese decirle algo sin hablar. En un descuido de su acompañante, la joven gira temblorosa el libro que lleva en sus manos y lo muestra al pasajero. En el libro se puede leer en grandes letras escritas a bolígrafo: “HELP”. De repente, la chica de ojos llorosos se convierte en una muñeca de trapo y la cámara sube lentamente mostrando una larga fila de asientos ocupados por otras tantas muñecas de trapo.
El anuncio televisivo, aunque utiliza la ficción, no podría definir mejor la situación que viven miles de chicas en toda Europa y pide que entre todos frenemos la prostitución coaccionada en todo el mundo.
Cada año, miles de jóvenes, que han sido secuestradas o engañadas, llegan a nuestro país procedentes de Europa, África o Sudamérica. En muchos casos han sido agredidas para obligarlas a convertir su cuerpo en una máquina sexual que enriquezca a un desconocido que ha tenido la osadía de declararse su amo. Son historias que normalmente acaban sin hacerse públicas. Sólo algunas tienen la suerte de que su caso sea descubierto y la policía actúe en su favor. Pero el tiempo que transcurre entre la desarticulación de la red de proxenetismo y el juicio es demasiado largo. En muchas ocasiones la víctima ha preferido regresar a su país para intentar olvidar esa amarga experiencia y empezar una nueva vida, o tal vez simplemente haya desaparecido para huir de las amenazas de los que antes eran sus captores.
Por otra parte, los acusados que pasan a disfrutar de la libertad provisional no tardan en huir y empezar una nueva “caza”. La historia vuelve a empezar continuamente con nuevas chicas inocentes intentando salir de países en crisis.
Muchas de las víctimas consiguen construir de nuevo sus vidas al lado de un hombre y olvidan el calvario por el que pasaron. Otras han sufrido un deterioro físico y psíquico a lo largo de los años que hace que nunca vuelvan a ser aquella muchacha que estudiaba en Rumania, Hungría o Moldavia. En un pequeño porcentaje, acaban muertas en la cuneta de una carretera cualquiera días después de haber decidido librarse de sus opresores.
Este drama no pasa lejos de Barcelona, Tarragona, Valladolid o Madrid: se vive diariamente en nuestro entorno sin que nosotros, ciudadanos medios, nos demos cuenta. A penas una noticia en el periódico o el telediario nos puede llamar la atención sobre los hechos y despertar nuestra compasión.
Este libro no tiene otra pretensión que relatar algunos de estos casos reproduciendo de la forma más literal posible, y de boca de las protagonistas, el drama por el que pasaron cinco jóvenes que en su día fueron secuestradas pero consiguieron salir de su encierro. También quiere reflejar la impotencia que los equipos de policías especializados sufren diariamente al intentar eliminar una lacra social que, hoy por hoy, no tiene visos de acabar si no se modifica el sistema judicial español.
Los casos relatados pertenecen a mujeres que decidieron “plantar cara” denunciando a los hombres que las compraron y que, por este motivo, se encuentran actualmente en situación de peligro. Algunas de ellas se han convertido en testigos protegidos y han accedido voluntariamente y sin retribución alguna a explicar sus experiencias.
Por cuestiones de seguridad se han modificado tanto sus nombres, como los de sus amigas, familiares, agresores, países y lugares donde ejercieron la prostitución. Como sería lógico, lo mismo se ha hecho con los agentes de los cuerpos policiales que ejercen en nuestro país.
Los relatos, realizados en un lenguaje periodístico-literario, contienen una pequeña dosis de ficción con el fin de dar forma a unas entrevistas que, cuando fueron grabadas, presentaban contenidos confusos y algunas lagunas que las hacían caóticas. Esto es debido, no tan solo al estado psíquico de las víctimas, sino también al escaso dominio de nuestra lengua que tenían algunas de las chicas.
El silencio al que están obligadas las víctimas de esta coacción, necesario para proteger sus integridades físicas y las de sus familias de las amenazas de los mafiosos, hizo difícil encontrar testigos haciendo un recorrido por los lugares donde se practica la prostitución. Los alrededores del Fútbol Club Barcelona, la autovía de Castelldefels, clubes de carretera del litoral castellonense o de Tarragona e incluso la Casa de Campo o la Castellana en los alrededores de la plaza de Castilla de Madrid fueron frecuentados por el autor con la finalidad de encontrar historias como las aquí contadas, pero la prospección no dio frutos. El miedo y la inseguridad fueron más fuertes que las ganas de ser libres.
Finalmente, la colaboración de los diferentes cuerpos policiales fue básica para encontrarlas y plantearles la elaboración de este libro. Lamentablemente, es probable que cuando esta obra esté en las librerías algunas de las personas que dejaron su testimonio en él hayan muerto.